domingo, 7 de agosto de 2011

De las casualidades que no necesariamente son espontáneas

Esta vez tengo ganas de hablarles un poco acerca de algo que con el paso de los años he ido corroborando... que las casualidades no necesariamente son espontáneas... y no me refiero sólo a la frase cliché de que las cosas pasan por algo (lo cual también creo y será materia de otra historia), sino más en el plano de las personas que vamos conociendo en el camino... dicen algunas interpretaciones de lo divino (llámese religiones) que existe la reencarnación y que hay personas que se vuelven a encontrar a lo largo de sus diferentes vidas y, como considero que no existen las verdades absolutas (soy Católica por tradición, ya que fue en esta religión en la cual me formé y efectivamente creo en una divinidad que se le puede llamar, y yo lo llamo, Dios), quizá sea cierto... el caso es que hay personas que a lo largo de la vida vamos conociendo y que, por razones de las rutas que cada uno va emprendiendo, nos vamos alejando de ellas... sin embargo, el vínculo puede permanecer estático y al reencontrarnos con éstas, constatamos que la familiaridad no se había pérdido y la conversación fluye como si nos hubiésemos visto el día anterior, y ese re-contacto puede incluso llegar en el momento preciso... algo que me brinda mucha curiosidad es cómo de niños podemos generaar cierta afinidad hacia otro, con el cual simplemente jugamos y que ya de grandes vamos descubriendo a una persona que resultó desarrollar algunos gustos y proyectos de vida similares a los tuyos (de acuerdo a la Psicología, uno se junta con personas de un mismo círculo social con los cuales se comparten gustos e ideas), dedicarse a cuestiones a fines o haber tenido una historia parecida... conforma uno va creciendo, va conociendo nuevas personas pero siempre hay algunas que te marcan más que otras y he ido descubriendo que son éstas, quienes en su momento llegaron a ser de las más significativas para mí, con quienes justamente compartimos episodios trascendentales en nuestras vidas en los mismos períodos de tiempo, tales como la pérdida de un ser sumamente querido (eso me ocurrió con mis dos ex y pareja actual) o el pasar por una enfermedad (mi mejor amiga durante algunos años de primaria y tres amigas de trabajos anteriores -justamente aquellas de quienes más aprendí en cada centro laboral; y, dentro de poco, la toma de una pastillita diaria de por vida, me unirá aún más con un gran amigo del barrio) o de personas con las cuales rápidamente uno encaja al conocerlas y las trayectorias de vida se asemejan cada vez más con el paso de los años (aquí tendría que mencionar a mi mejor amiga del nido y otra amiga que conocí en la pre)... pero además, algo increíble que me pasó hace 4 años, cuando falleció mi padre, es que a las 4 semanas se fue mi nana y con ello, dos de las tres personas más importantes en mi formación como personas... este amigo del barrio del que les hablaba fue quien me enseñó por primera vez que hay almas que se vuelven a juntar en la vida terrenal y quizá yo tenga un vínculo trascendental a este mundo con mi padre y mama huisa y por eso amnos me dejaron una vez cumplida su misión, en el momento en el cual, Dios o ellos mismo, consideraron que mi vida estaba "enrumbada"... esta semana, exactamente el jueves 11 de agosto, inicio mi tratamiento médico y fue precisamente un 11 de agosto del 2008 cuando, por última vez, los tres compartimos juntos el pan en la mesa de la humilde casa de mi mama huisa, quien al día siguiente apagaría sus últimas velas de cumpleaños, tras una extraordinaria historia de vida, en la cual me viera nacer y cuidar como "su hija" durante tantos años :)

jueves, 4 de agosto de 2011

Mi mundo cambió y lo sigue haciendo

Una de las mejores lecciones de vida que aprendí de mi madre, a mis cortos 17 años, es ésta, que la enfermedad es una oportunidad, una oportunidad para crecer y mejorar (a lo cual ahora puedo añadir, para descubrirse y fortalecerse) pero además, que la enfermedad es una oportunidad también para la familia... la historia va así:
Un 23 de diiembre de 1999 mi madre llega y nos reúne a toda la familia nuclear (mamá, papá e hijos) para contarnos que, de acuerdo a la última prueba que se había realizado, tras meses anteriores de un sinfín de éstas, su diagnóstico era "cáncer"... ese mismo día, mi primo (en realidad casi hermano y casi padre, quien vivía con nosotros en Lima) viajaba a Trujillo para pasar la navidad con su familia, por lo que se adelantó en darme mi regalo... era el último CD de mi cantante favorito por aquella época... fue entonces, que esa tarde-noche me senté en el balcón a contemplar el paisaje y esta vez escuchar una y otra vez ese pequeño CD impregnado de canciones cargadas de emoción como ésta en particular, ya que calzaría perfectamente ante mi nueva situación: "Libre es todo lo que puedes ser, sueño, sueños que nadie más puede ver, a veces quieres escapar pero nunca vas a saber que puede venir alrededor de tu camino (...) en un día como hoy todo el mundo podría cambiar, el sol va a brillar, brillar a través de la lluvia, en un día como hoy nunca vas a ver el sol caer (...) en algún lugar hay un sitio para ti, sé que tú también crees en ello, a veces cuando quieres escapar, todo lo que tienes que saber es lo que tienes aquí para quedarte todo el camino, en un día como hoy todo el mundo podría cambiar (...) (On A Day Like Today, Bryan Adams - http://youtu.be/xamP2igH9Kk)
Dicho y hecho, todo mi mundo cambió ese día y no sólo porque se venía mi último año de los doce que estudié en aquél centro educativo prestigiosa y tradicional de la burbuja limeña que por aquella época mi irritaba un poco a veces, sino que mi visión de las cosas y de la familia cambiaría... al inicio fue difícil y ya se imaginarán a mi edad, en que, como les decía en otro post, estaba tratando de descubrir quién era, pero al igual que con la escritura, poco a poco todo fue fluyendo... me acerqué más a mi hermano mayor con el que nos habíamos distanciado desde que él entrase a secundaria, así como a las hermanas de mi mamá y a algunos de sus hijos, pero especialmente, a mi madre... fue a mediadios de ese año de quimioterapias en que me detuve un momento y pude darme cuenta de ello, cuando en la clase de Literatura me enseñaron lo que era el monólogo interior... ya en 4to año, la Miss Nebenka nos había explicado, leyendo apasionadamente a Shakespeare en el inglés antigüo, lo que era el "internal conflict")... y, de pronto, un año después me piden que sacará ese conflicto que llevaba por dentro en forma de monólogo (fue allí también cuando mis cuentos, poemas y prosa lírico se convertirían en esta nueva forma literaria que se abría ante mis ojos)... como era de suponer, escribí sobre la enfermedad de mi madre, sin embargo, para grata sorpresa mía y de mi profesora, empecé hablando sobre la "bendición" que puede significar esta enfermedad y el por qué la consideraba de esa manera... y es que, como les comentaba, la vida me ha llevado a corrobar que las enfermedades son una oportunidad, la enfermedad cambió a mi familia, cambió a mi madre, quien dejó de trabajar y a veces hasta me molestaba que estuviera tan al pendiente de nosotros pero es que ella quería disfrutarnos al máximo y era muy feliz siendo mamá... recuerdo además, cómo pudo superar era primera depresión de las dos semanas previas a su tratamiento (una vez pasadas las fiestas) y regresar de la quimio con una sonrisa en los labios para comer toda su sopa a pesar de ir luego corriendo al baño y tener que permanecer hechada en cama para recuperar fuerzas... algunas veces la acompañaba a Neoplásicas y veía cómo, mientras esperaba su consulta o entrar para su tratamiento, mi madre y sus dos hermanas reían a carcajadas para aligerar la espera... llegó diciembre nuevamente y esta vez la navidad fue de alegría, tras haber superado juntos la lucha contra un cáncer que en el caso de mi madre era avanzado pero, que gracias a su actitud frente a ésta, la había convertido en una mujer fuerte y victoriosa...
cuatro años después, mi padre enfermó, aunque más que enfermedad, se trataba de una alerta, un susto, el cual le permitiría cambiar su visión ante la vida y aprender a disfrutar al máximo de ella... y, entonces, empecé a ver un gordito que ya no sólo se reía en reuniones familiares u ocasionalmente sino que siempre estaba alegre... preparaba el lonche y dejaba la mesa lista para cuando mi madre llegara del trabajo para sentarse juntos en el comedor de la cocina, en vez de ir a comer frente al televisor como era su costumbre... fue también la época en que ambos nos reconciliamos y volvimos a ser compinches... cuatro años después, la enfermedad sí le llegó a mi padre y en tres días falleció pero lo rescatable de ello es que él no sufrió y tuvo calidad de vida, trabajando en lo que le gustaba hasta el día en que lo internaron y vivió feliz los últimos cuatro años de su vida...
esta vez, la enfermedad me tocó a mí y ya en otro momento les contaré sobre la interpretación que, desde hace poquito, atribuyo como causa de ésta... pero lo importante, es que esas experiencias anteriores me marcaron y acepté este reto como algo que al final me dejaría un saldo positivo, actitud que ha llevado a que mi recuperación vaya mucho mejor de lo esperado y hasta el momento las ganancias en el plano personal siguen crecinco infinitamente... ya veremos hasta dónde nos lleve este camino en un día como hoy en que mi mundo volvió a cambiar, el sol brilla y espero no volver a ver el sol caer :)

miércoles, 3 de agosto de 2011

Empezando por el principio

¿Por dónde empezar?... recuerdo cómo el inicio siempre era lo más difícil, luego poco a poco todo va fluyendo y es ahí cuando uno siente esa satisfacción de dedicarle tiempo a estas cuestiones... recuerdo también que la escritura para mí solía ser ese espacio perfecto de catársis ante tantas emociones y hormonas revueltas de la adolescencia... el escribir, así como el cantar a todo pulmón tirada en el jardín trasero de mi casa de Los Alamos, cuando no tenía vecinos encima mío, y la vista del balcón del segundo piso era un hermoso paisaje de árboles entre los cerros con las cruces protectoras de la otrora hacienda de un ex presidente peruano y hoy, de una urbanización que creció y la cruz incluso dejó de significar la protección frente a la invasión de Pamplona del otro lado del cerro...
Mi nombre es Claudia pero me llaman "canchita", debido a mi apellido (Canchaya), apodo con el que curiosamente me bautizaron (en la pre) cuando me encontraba en pleno proceso de descubrimiento de mi esencia, allá por el año 2001, época en la que me emocionaba frente a tantas posibilidades de carreras que estudiar y de tantas otras cosas por hacer con mi vida...
Hoy, con 28 años a cuestas, puedo decir que no me arrepiento de ninguna decisión tomada hasta la fecha y que aún quedan tantos otros caminos por emprender pero, por el momento, escojo el del retorno a ese descubrimiento que había descuidado, cuando en realidad se trata de una carrera infinita por seguir...
Y, parece que empezamos, espero no aburrirlos con tantas historias por contar :)